“Somos un tercero facilitador”

“Somos un tercero facilitador”

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La presidenta de Betania, María Teresa Compte, presentó el proyecto de facilitación de “canales independientes de denuncias” en instituciones católicas durante la clausura del I Curso de Protección de Menores del Instituto Teológico de Vida Religiosa. Y pidió que la Iglesia reconozca un papel protagonista a las asociaciones de víctimas de abusos sexuales.

 

“Betania quiere ser un tercero facilitador”, lo que significa crear las condiciones para que “personas que han sido victimizadas puedan encontrarse en un ámbito de seguridad y de confianza para contar lo que les ha pasado y facilitar que los hechos puedan ser puestos en conocimiento de las instituciones en las que se han perpetrado los abusos”.

Así presentó María Teresa Compte, presidenta de la asociación, la apuesta por promover los llamados “canales independientes de denuncias”, materia, dijo, en la que “estamos trabajando seriamente”.

La presidenta de Betania participó el 26 de septiembre en la Jornada de Clausura del I Curso de Protección de Menores que, en los últimos años, ha impartido en Madrid el Instituto Teológico de Vida Religiosa de los claretianos (ITVR) en colaboración con el Centro de Protección de Menores de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (CCP), la institución académica de referencia para la Santa Sede en la lucha por la erradicación de los abusos. La propia Compte formó parte del equipo docente y fue una de las cuatro tutoras encargadas de un seguimiento de los alumnos de la primera promoción, muchos de ellos representantes de diócesis o congregaciones.

El cardenal de Madrid, Carlos Osoro, y el presidente del CCP, el jesuita Hans Zollner, participaron en la clausura del curso, en una jornada que tuvo como acto central el debate en torno a los tres modelos de referencia en España de atención a la problemática de los abusos sexuales, moderado por el periodista de COPE Faustino Catalina. En representación del Centro de Humanización de la Salud, de los religiosos camilos, participó su director, José Carlos Bermejo, quien aludió especialmente a su experiencia en el trabajo con agresores sexuales, tanto en instituciones religiosas como en el ámbito familiar. Por parte de la asociación Repara, del arzobispado de Madrid, participó su coordinador, Miguel García-Baró.

A diferencia de las dos anteriores, explicó Mª Teresa Compte, Betania se centra exclusivamente en la atención a víctimas en contextos eclesiales, entendiendo que estos abusos “tienen una especificidad con relación a otros entornos, familiares, educativos, clubs de fútbol o instituciones académicas”. “En las Iglesias –argumentó– se abusa en nombre de Dios, y eso destroza a los seres humanos”. Y no se pueden ignorar los “factores de riesgo institucionales”, a los que “les hemos prestado muy poca o ninguna atención hasta hace muy poquito: hemos hablado solo de los factores de riesgo individual”, pero “si hubiera solo factores de riesgo individual, el problema se hubiera terminado mucho antes”. La realidad, sin embargo, es que “hay factores de riesgo relacional, de asimetría, relaciones de poder que se sexualizan. Y una cultura institucional que ha favorecido el encubrimiento”.

Colaboración con las comisiones diocesanas

Otro rasgo, a su juicio, definitorio de Betania, es “la opción de preferencia por las víctimas, que no es una opción contra nadie, sino a favor de todos”. Esto implica la exigencia de una “abordaje que, por nuestra, tiene que ser fundamentalmente un abordaje profesional”, ofreciendo “los mejores” servicios en la atención terapéutica, el acompañamiento o el asesoramiento legal, ya sea para procesos de tipo penal o canónico.

En primer lugar, añadió, “lo que hacemos es acoger el desvelamiento de unos hechos, darles forma, acompañar una presentación formal de esos hechos y llevarlos a una comisión diocesana”. Pero “esto quiero que quede claro: el hecho de que Betania acompañe una denuncia no quiere decir que está yendo contra esa comisión. Estamos facilitando un encuentro entre la persona que ha sido victimizada y la institución en la que se han perpetrado los abusos”.

En ocasiones, resaltó, hay acuerdos con diócesis, congregaciones o asociaciones católicas a las que “les estamos facilitando ser un canal independiente de denuncias”, lo que permite que muchas víctimas, antes reacias a regresar al lugar donde fueron abusadas, puedan iniciar su proceso de recuperación en un entorno seguro. El mecanismo permite igualmente a esas instituciones  católicas –independientemente de que el caso termine o no en condena judicial– hacerse cargo de su responsabilidad institucional. Pero esa colaboración no compromete la independencia de Betania, recalcó. Como norma inquebrantable, “es la persona que ha sufrido los abusos la que viene a la asociación, no es la institución la que viene a contarnos o a pedirnos nada”, dijo.

Claro que incluso sin esos acuerdos, Betania intenta cooperar con las comisiones diocesanas, “a las que nosotros estamos reportando casos, y estamos acompañamiento a las víctimas para que presenten sus denuncias, acompañando también a terapeutas o a abogados que de repente se encuentra con esto y no saben cómo afrontarlo”.

Muchas veces, por diversas circunstancias, no es posible resolver los casos “por la vía penal o la vía canónica”, pero eso no impide servir de cauce entre la víctima y la institución a la que pertenece el victimario recurriendo a “la mediación y a la justicia restaurativa”.

La prensa también quiere ayudar

Preguntada acerca del papel de los medios de comunicación, Compte aseguró que también ellos son necesarios en esa “cooperación” entre distintos actores para solucionar la problemática de los abusos.

“Muchas veces las víctimas acuden a los medios porque han vivido tal proceso de victimización secundaria, de revictimización, que ya no saben adónde acudir”, dijo. “Acuden a un periodista. Y ese medio contará una verdad, la verdad periodística, que nunca es toda la verdad”, pero sí una parte importante de “una realidad que es poliédrica”. 

“Hay que cooperar con los medios de comunicación, no tenerles ningún miedo”, enfatizó. “¿Que tienen sus agendas? Claro, como todos, como cada uno de nosotros tenemos nuestra agenda, y eso es legitimo, pero hay que cooperar”.

Lo que no vale es presentarles como actores sin escrúpulos obsesionados únicamente por ganar audiencia. “Nos consta –dijo Compte– que muchas de las personas que están informando sobre esto también sufren”. Cuando reciben las denuncias de las víctimas, “sufren mucho también”, y no se limitan a relatar fríamente los hechos, sino que “derivan a las personas, buscan contactos, intentan facilitarles una ayuda…”.

El protagonismo de las asociaciones de víctimas

Para que esa colaboración sea posible, en todo caso, es necesario que las víctimas estén en el centro. “Les damos gracias a ellas en primer lugar por haber liberado su palabra”. “Sin  ellas no sabríamos nada”, y “para seguir aprendiendo tenemos que seguir escuchándolas”, dijo Compte, entre otras cosas porque, “para diseñar buenos procesos de prevención, si no nos cuentan lo que ha sucedido, si no dan nombre y significado a los procesos de victimización no los vamos a poder prevenir”.

Pero antes de hablar de prevención, la intención se demuestra en “la reparación” del daño provocado. Además, “sabemos que, cuando hay claridad y hay transparencia, se reduce el índice de abusos”.

Es necesario, sobre todo, escuchar a las víctimas “para transformar una realidad que ha sido de encubrimiento sistemático; nos duela mas o nos menos, esa es la verdad”. “Y ojalá escucháramos a las víctimas con la misma atención con la que a veces escuchamos a los victimarios. Porque los victimarios son sacerdotes, religiosas, religiosos, catequistas, fundadores.. Y les hemos escuchado con mucha atención. Y en cambio hemos escuchado con mucha menos atención a las víctimas. ¿Y eso qué ha hecho? Que las víctimas de nuestras instituciones, de relaciones de poder y de una cultura institucional que ha favorecido el abusos sean estigmatizadas”.

Como ejemplo, la presidenta de Betania habló de “las victimas de bebés robados” o del movimiento internacional MeeToo de reivindicación de derechos de la mujer, que han llegado a ser capaces de dar la cara “con orgullo”. Por el contrario, “las víctimas de abusos en el seno de la Iglesia sienten vergüenza, sienten mucha vergüenza, siguen estando estigmatizadas”, especialmente si son adultas y la Iglesia “las califica de vulnerables, con lo cual todavía es mucho más difícil salir de ese lugar. Yo aprovecho para decir que, en mi experiencia, he conocido a muchas víctimas adultas, sobre todo mujeres, y os aseguro que no conozco a ninguna que sea vulnerable, han sido todas vulneradas”.

¿Cómo rescatar a las víctimas de ese olvido? Lo primero es darles voz en “los planes de formaciones de las congregaciones religiosas, en los seminarios, en las catequesis, en las reuniones de pastoral social, en los medios de comunicación de titularidad eclesial”.  Hoy, sin embargo, la realidad es que a las víctimas nunca se las nombra “en la eucaristía” o “en las reuniones de pastoral”. “Las seguimos teniendo ahí, en el olvido, estigmatizadas, ocultas”. 

Mención aparte hizo Compte a las asociaciones de víctimas, a quienes se refirió como “actor protagonista”. “Hay que habar de ellas, hay que contar con ellas”, dijo. “Ellas son las directamente implicados, son las protagonistas de esta historia, yo creo que en esto no debemos confundirnos. Los protagonistas son las personas que han sufrido victimización, no nosotros. Nosotros acompañamos, facilitamos, pero los protagonistas son ellos. Las asociaciones de victimas tienen que estar en esto”.