ESTAMOS ANTE UN DUELO (30/09/2024)
“La Verdad os hará libres” dijo Jesús… y eso es por lo que trabaja Betania, porque es un derecho de la persona que ha sufrido abuso sexual en la infancia, en la adolescencia o en la edad adulta, para que se conozca la Verdad ante las instituciones religiosas.
¿Un abuso sexual se supera? ¿Un abuso sexual se olvida?
Cuando una persona decide enfrentarse a esa vivencia tan dura, se enfrenta a un proceso de duelo. ¡Cuántos duelos vamos acumulando a lo largo de nuestra vida sin que se haya muerto nadie!
Un duelo pendiente por una infancia robada, un duelo pendiente por una vida llena de mentiras y ocultación, un duelo pendiente por una vida frustrada con sueños rotos, con familias rotas,… un duelo pendiente por relaciones afectivas truncadas, un duelo pendiente por vivir en exclusión social y familiar… y un largo etcétera…
Duelos que, si no se elaboran de una forma sana, atravesando cada una de las emociones del proceso, nuestra vida no fluirá, caminaremos con peso, siempre habrá algo que no está claro, que está oculto, algo que disimulo, que “sobrellevo”, incluso sintiendo que estoy traicionando a alguien, quizás al que más, a mí misma, a mí mismo.
¿Qué pasa si me atrevo a mirarlo?
Entonces ocurre… sabiendo que no estás solo ni sola, algo se transforma, algo se expresa, algo se libera y algo se perdona.
Dice un refrán español que el tiempo todo lo cura… no es cierto, lo que cura es lo que hago yo en ese tiempo…
También se dice que “yo perdono, pero no olvido”. Eso es mentira. Tan solo fijándonos en la construcción de la frase ya descubrimos que el “pero” niega lo anterior… Mientras uno recuerde un daño, no lo ha perdonado de corazón. Hablamos de un perdón profundo, y para llegar a él hay que trabajar, pasar y mirar la comprensión y la aceptación profundas.
Cuánto silencio, cuánto dolor, cuánta culpa…cuánta rabia porque no entiendo por qué me ha pasado a mí… porque no he conseguido cumplir mis sueños, y porque algo dentro de mí se ha roto… todo eso hay que desgranarlo, colocarlo… decía Marcel Proust que lo único que nos cura de un sufrimiento es vivirlo a fondo… porque si no ¿qué nos queda? ¿vivir con eso durante toda nuestra vida?
Al igual que con el duelo gestacional, perinatal y neonatal estamos ante un tabú… hablar de la muerte es tabú, y cuando sufrimos un abuso sexual hay una parte de nosotros que también muere. Es un duelo que no es reconocido socialmente…
Y como en todo proceso de duelo pasamos por sus fases emocionales: la tristeza, la rabia, la ira, la negación, y un día llegamos a la aceptación. Aceptación entendida como integración de lo que he vivido en mi historia personal.
Cuántas veces hemos negado lo que nos ha pasado como mecanismo de defensa, para protegernos y poder sobrevivir. Somos supervivientes de nuestra propia vida, somos víctimas de unos verdugos que, si no hablamos, si no denunciamos, sino rompemos ese silencio, nada va a cambiar y voy a vivir y a morir con un peso que no me corresponde…
Sí, viviremos con eso durante toda nuestra vida, y esta vez será diferente, porque aprendo a vivir de nuevo y sentiré paz cuando integre todas las emociones en mi nueva vida.
Elizabeth Kübler-Ross dice: “Si huimos del dolor huimos también del bienestar, si huimos de la muerte, huimos también de la vida”.
Tú decides…
Mª Jesús Jiménez
Equipo de Atención psicológica.