¿Qué es Betania: antesala de la Cruz o el dolor de la Cruz? ¿Qué somos los que sufrimos abusos: personas prostituidas, víctimas o supervivientes? ¿Y por qué no todo junto?
¡Qué difícil que una persona abusada y violada tenga esperanza!, parece imposible. Igual de imposible que cuando tenía 21 años pensase que había VIDA. Y sí, hay VIDA igual que ha habido dolor, sufrimiento, sangre y lágrimas. Y no sé si hasta decirte que ha merecido la pena, y que, aunque duela, hay cosas y personas bonitas a mi lado que perdurarán el resto de mi vida. Que las cicatrices me recuerdan que estoy viva, que me he dado una segunda oportunidad. Porque, como dice Sam en el abismo de Helm, “nadie debería llegar hasta aquí pero aquí estamos igual que en las grandes historias, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final porque, ¿cómo van a acabar bien?, ¿cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido? Pero al final, todo es pasajero, como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo: los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen adelante porque todos luchan por algo: (…) para que el bien reine en este mundo, se puede luchar por eso”[1].
Estas palabras de Sam las recuerdo cada 10 de junio, mi segundo cumpleaños, día en el que me sentí traicionada por las personas que más quería, pero, paradójicamente, día que hoy celebro con más alegría que nunca: el día que me ingresaron. Aun pensando en rendirme, aun creyendo que nada tenía sentido supe que se podía luchar. Aun sin tener fuerzas, aun odiando la vida, otros lucharon por mí, aquellos de los que pensé que eran unos traidores hoy son ángeles de la guarda. Aquel día en el que mi historia no tenía sentido, empezó a tenerlo, aquel día en el que solo había muerte, empezó a haber esperanza. Aquel día la sanación se empezó a fraguar, todavía quedaban, y quedan, batallas. Y sí, hoy puedo decir que la vida es preciosa. Y también puedo decir que soy una persona sanada, que los abusos forman parte mi historia, pero no son mi historia.
María.
[1] J.R. R. Tolkien. El Señor de los Anillos, Las dos Torres, Cap. 60.