El día 10 de enero de 2026, Acogida Betania facilitó un encuentro entre 3 mujeres y 3 varones, víctimas de abuso sexual intraeclesial, y 5 varones que desempeñan ministerios pastorales y de gestión en Congregaciones religiosas y Diócesis
¿Por qué lo hicimos? Porque nos lo pidieron algunas de las víctimas que estaban en ese encuentro. Porque algunas estaban sufriendo una tremenda victimización secundaria. Porque otras no habían podido celebrar un encuentro restaurativo a pesar de haber recibido una reparación económica. Porque todas querían ser escuchadas y porque desean que este encuentro sirva de impulso para que otras víctimas puedan dar el primer paso para liberarse de la carga de su abuso.
Es imposible reproducir con fidelidad la intensidad del encuentro o la profundidad de las palabras que se compartieron. Confiamos en que la gran mayoría tome conciencia de que la realidad del abuso perpetrado en instituciones de la Iglesia católica es una realidad poliédrica compuesta de experiencias personales e intransferibles que merecen todas ellas el mismo reconocimiento.
Cuando a Acogida Betania nos preguntan qué quieren las víctimas, respondemos que cada una de las 185 personas a las que hemos atendido quieren y necesitan cosas diferentes. La flexibilidad y la individualización son dos principios básicos en la atención a las víctimas de delitos graves y abusos de poder. La justicia reparadora y restaurativa, cuando la única respuesta posible es extrajudicial, permite, precisamente, que las respuestas de contenido material, moral y económico sean lo más justas y adecuadas a las demandas de cada persona concreta.
El día 10 de enero se habló y se escuchó sin tabúes, tapujos o medias verdades. No se trataba de perdonar a nadie, aunque se pidió perdón. No se trataba de condenar, aunque se expresaron reivindicaciones de mucha enjundia. No se trataba de acusar, aunque se escuchó la voz de quienes denuncian un encubrimiento tan real como sistemático. Se escuchó la voz de hombres que han crecido con el estigma de haber sido agredidos sexualmente o el de las mujeres señaladas por no haber resistido a sus agresores. Se escuchó la voz de quien, por ser víctima mujer en la edad adulta, tiene que vencer sospechas o estereotipos. O la del hombre adulto que sigue anhelando el abrazo que le han negado quienes le llevaron al infierno.
Junto a estas voces se escucharon la de quien reconoció sentir miedo por si su lenguaje pudiera herir, y la de quien reconoce que la institución a la que pertenece se extingue, al mismo tiempo en que experimenta una profunda sanación. Hubo quien no dudó en reconocer que escuchar a las víctimas es aprender otra lengua distinta a la que se habla en los entornos eclesiales o quien confesó que ha aprendido que el perdón no se pide, sino que lo conceden las víctimas. Hubo quienes no tuvieron miedo en reconocer que el miedo les atenazaba cuando tenían que acudir a un archivo a buscar el nombre de un compañero, de un amigo o de un superior o la autoinculpación de quien no olvida que un día, hace mucho, se negó a leer y a escuchar el testimonio de una víctima. Hubo quien denunció la maledicencia del ensimismamiento que atenaza a las instituciones eclesiales, quien no dudó en reconocer todo el mal que se ha obrado en nombre de Dios o en confesar ante todos que su vocación se había puesto en crisis al tomar conciencia de la gravedad de lo que algunos de sus compañeros habían hecho.
La escucha permite adentrarse en la realidad del otro y favorece el encuentro. Eso fue lo que sucedió. Tres de las personas que hicieron posible la reunión del día 10 han decidido poner rostro, nombre y voz a su experiencia de recuperación, a partir de la confrontación directa con el mal de los abusos, y de reparación. No todos han recibido la misma respuesta reparadora. No todas las personas que acuden a Betania han recibido la misma respuesta por parte de las instituciones en cuyo seno han sufrido abuso, pero todas las que han llegado al final del camino desean que otras que todavía guardan silencio se atrevan a liberarse del pesado fardo que un día les cargaron. Esta es una de las razones determinantes del reportaje que vais a leer y que han elaborado los periodistas Rodrigo Tarrassa (@rterrasa) y Alberto di Lolli (@adilolli) para El Mundo.
Acogida Betania (acogida@acogidabetania.es)