Así me han tratado
Fui víctima de abusos sexuales a mediados de la década de los sesenta del siglo pasado en un internado religioso cuando solo tenía catorce años. El contexto social de aquellos tiempos era un obstáculo insalvable para denunciar lo que me estaba ocurriendo. Ni siquiera en mi casa lo hubieran creído. Circunstancias un tanto extensas de narrar, me llevaron a la finalización de los estudios en el curso académico de 1966 y como consecuencia de ello me liberé de aquel clérigo canalla. A partir de ahí y hasta los 67 años de edad, sufrí en mi interior la ira, los traumas y la propia inculpación que padecí por aquellos hechos, sin más compañía que mi profunda soledad.
Una noticia en prensa en 2018, solicitando colaboración para investigar la pederastia en la Iglesia, me animó a dar el paso y contactar con aquel medio. Me atendió telefónicamente un periodista y fue con él, con quién por primera vez, liberé la carga que había soportado durante tantos años.
En poco tiempo, ese escándalo, oculto hasta entonces, ocupó todos los titulares mediáticos. Inesperadamente, se me ofreció la oportunidad de demandar mi caso y ahí apareció la Asociación de Acogida Betania. Me tomaron de la mano en el primer contacto y aún no me la han soltado, a pesar de que mi caso ya ha sido resuelto. Me resulta difícil transmitir el agradecimiento que le tengo a este equipo de personas nacidas para ayudar a otras personas. En ellos encontré ese bastón de apoyo que nunca tuve. Nadie en mi vida me ha ofrecido tanta compresión, tanta fraternidad y tanto respaldo. Junto a ellas/os he recuperado mi auto estima y he desterrado los fantasmas del pasado. Ya nada es para mí como lo era no hace mucho.
Todo el camino que hemos recorrido, terminó con una determinante visita al colegio de los hechos, donde quedó olvidado para siempre el sufrimiento pasado. Camino recorrido sobre una alfombra de confianza y seguridad. Betania me ha acompañado con la fortaleza del acero y la ternura de una rosa. Con un fuerte abrazo y toda mi gratitud quiero cerrar estas líneas. Nunca os olvidaré.
Mi reconocimiento a la institución que me ha mostrado su disposición y compromiso en la reparación de los daños.
P.