Punto y Aparte
Punto y aparte
Mi historia de abusos comienza a finales del a década de los 70, en un internado de una institución religiosa. Fueron cometidos por 2 personas en distintos momentos de tiempo,
cuando tenía entre los 13 y 14 años.
Fueron años muy duros los que siguieron, con visitas interminables a psiquiatras que no terminaban de solucionar nada, porque era incapaz de decirles por lo que había pasado.
Este mutismo lo practiqué con mis padres y con mi mujer. Todo el peso lo llevé yo sólo durante más de 35 años, hasta que finalmente terminé contándoselo a mi actual psiquiatra y a mi mujer después.
En esas fechas me llegaron noticias sobre distintos hechos de pederastia en la Iglesia, las palabras contundentes en torno a ello del Papa Francisco y la necesidad de reparación a
las víctimas. Me puse a investigar más sobre el nivel de compromiso real de estas palabras y ello me llevó finalmente, a contactar con la oficina de atención a víctimas de
la Diócesis a la que pertenezco.
Éstos me escucharon y me hablaron por primera vez de la Asociación para la Acogida y el Acompañamiento Betania. Me dijeron que trabajaban sobre ello con distintas instituciones religiosas. Acudí a ellos con cierto reparo. Esa desconfianza se desvaneció desde el primer momento pues me transmitieron su apoyo desinteresado y su cercanía que se ha mantenido durante todo el proceso. Haciendo honor a su nombre me acogieron fraternalmente, me escucharon pacientemente y me llevaron de la mano en todo
momento. Muchas gracias.
Desde la institución religiosa a la que pertenecían mis agresores fueron receptivos a los mensajes transmitidos por Betania sobre mi situación. Ello llevó a tener un encuentro con ellos donde me transmitieron verbal y por escrito su pesar por lo ocurrido. También, tal y como había pedido, me señalaron las medidas reales puestas en marcha por ellos para evitar lo que a mí me había pasado.
En estos momentos tengo una enorme paz interior y aunque el dolor por lo ocurrido sigue aún presente, es menor el peso que siento. Tengo la sensación de haber hecho un punto y aparte necesario en mi vida.