”La paz y la alegría son posibles
T.
Sufrí abusos desde los 12 hasta los 21 años, cuando tomé la decisión de suicidarme. Sobreviví. Estuve varios días entre la vida y la muerte y finalmente, tras muchos meses de convalecencia, logré salir.
Arrastro secuelas físicas muy graves que han condicionado toda mi vida. Sigo pagando por un canalla, por miedo, porque no me atreví a hablar. Los cómplices, curas y monjas, me obligaron a callar. Vivía escondida, era insociable, desconfiada. Vivía escapándome y escondiéndome de todo y de todos. Cuando ya estaba totalmente perdida me decidí a buscar ayuda. Estuve callada casi treinta años y otros tres buscando ayuda. Entonces encontré a Betania, que fueron los únicos que me escucharon. La diócesis no quiso o no pudo escucharme. En cambio, ellas me escucharon con respeto, sin llamarme ninguna de las barbaridades que escuché de pequeña. En Betania encontré los ángeles que me faltaron. Estoy viva y el cura que abusó de mí no consiguió quitarme la fe. Él decía que Dios no existía. Él era mi profesor, catequista…. y además de abusar se burlaba constantemente de mí. Sufrí todo tipo de humillaciones.
Tras la reparación que finalmente he conseguido, he encontrado la paz y la alegría.
T.